martes, 27 de noviembre de 2012

Crítica a la persona trascendental.


En la época moderna, el mayor problema es el sujeto innominado que arruina toda pretensión de individualidad y, mediante dos operaciones básicas como son la cognoscitiva y las prácticas morales, ambas definidas en términos universales, pues entendiendo a la persona como iguales sin notas caracterizantes, quedan alineadas bajo las mismas condiciones y, obteniendo un sujeto superfluo. Todo el proceso se inicia con Descartes, iniciador de la modernidad, pero el cual no es el mayor enterrador del sujeto individual, pues en sus dudas existenciales podemos encontrar algo de reflexión subjetivista, será Kant con sus notas trascendentales el que lleve a su muerte al sujeto individual, particular e irrepetible.

El paso hacia un personalismo se puede resumir por una filosofía dialógica en primer momento, en segundo lugar el espiritualismo francés, seguido de un existencialismo y que encuentra sus últimas expresiones en la fenomenología. Brevemente podemos afirmar que la filosofía dialógica no es entendida únicamente como un diálogo con otros (lo cual también es imprescindible puesto que la persona no se forma de manera solipsista, sino en un entorno y actuando en el mundo y con el resto de seres) sino que lo más característico y propio es el diálogo interior, la reflexión, en este aspecto mas adelante trataremos el pensamiento de Fichte, pero es Vygotsky quien mejor lo lleva a culminación; el espiritualismo francés será la reflexión cartesiana y su posterior influencia, en tercer lugar el existencialismo se preguntará sobre el sentido de la existencia del hombre, cuando este ya está conformado como un sujeto individual y, u preocupación se centrará en las experiencias que vive el sujeto, destacan figuras como Marcel, Heidegger o Sartre y, en último lugar la fenomenología es defendida por Husserl, quien defenderá que el sujeto está formado por hábitos y la motivación, así la vida humana está definida por “voluntad”, “dese” en sus actos.

Como hemos mencionado, es Kant quien introduce el cambio radical en la concepción del sujeto, ahora el este es activo en el ámbito cognoscitivo pues pose estructuras a priori que le permiten conocer la realidad, adelantarse y, por tanto trascender a ella, esto es lo conocido como el sujeto trascendente kantiano. Si partimos de esta idea de sujeto, vemos al mismo como unificador de categorías del entendimiento, adiriendose el mismo en la acción que forma al objeto del conocimiento mediante las categorías; pero este sujeto carece de un núcleo personal porque le es imposible vivir reflexivamente la experiencia del acto cognoscitivo en cuanto que las acciones le pertenecen solo en la medida que le remiten a un yo trascendental que es a su vez formado en las acciones. En el ámbito de la moralidad tampoco el sujeto posee una reflexión sobre sí mismo, pues aunque el filósofo alemán sostenga una ética formalista para que cada sujeto particular formara su imperativo categórico según sus principios y, siendo por ello la heteronomía el máximo pecado kantiano; sí partimos de la definición de la persona como fin en sí mismo y, del mismo imperativo categórico, advertiremos fácilmente que para Kant ser persona es ser fin en sí mismo, pero no nos ofrece una explicación positiva de que es ser fin en sí mismo, a la par de que en forma indirecta obedecemos a un deber establecido desde fuera y que nos dice indirectamente como debemos obrar. Ademá, esta moralidad anula todo deseo y voluntad humana, es una moral anti-humana.

Como consecuencia, a la idea kantiana de la persona según sus dos operaciones básicas, la primera crítica que podemos establecer es la determinación voluntaria y no por una ley extrínseca al sujeto; el sujeto es fin en si mismo no solo porque debamos no instrumentalizar a las personas, sino también porque el hombre posee deseos, se pone fines que luego poseerá, lo voluntad se dirige desde ella misma al deber y a los fines, lo que da lugar a su determinación y al proceso de formación de la persona singular, pues solo actuando mediante nuestra voluntad podemos determinarnos. Otra crítica es posible apoyándonos en el metafísico Heidegger quien relacionará los imperativos categóricos con las categorías del mundo que será una articulación mas adecuada de los correspondientes conceptos kantianos, porque la existencia de un sujeto está ya siempre en un mundo, así la expresión del alemán “ser-en-el-mundo” pertenece a la definición de nuestro propio ser, por tanto existir significa proyectar la propia existencia en el mundo que es anterior a nosotros y, que en un primer momento es el quien pone en nosotros las categorías para comprenderlo, mediante la cultura y la síntesis pasiva, para que solo en un segundo momento nosotros podamos expresar nuestra existencia en el mundo, este expresar se da mediante el actuar voluntario que hace determinar al sujeto, como hemos mencionado lineas arriba, lo que trae consigo la posesión de uno mismo, que permitirá una autoconciencia y, la correspondiente autoconciencia del sujeto individual que desterrará en último momento al sujeto trascendental.

En este contexto, Fichte quien aun tiene notas trascendentales, no acepta la idea kantiana de una realidad supras-ensible y las notas trascendentes en el sujeto son menos notable, lo que trae que la persona singular se encuentre mas cerca que el sujeto kantino. Frente a Kant, Fichte defenderá un sujeto consciente de su actividad y, que por tanto se determina voluntariamente mediante el objeto que se propone delante suya como fin. Para este pensador la conciencia del sujeto no necesita mas fundamento que ella misma y, el conocimiento parte del propio sujeto, precisamente por eso cuando el sujeto se dirige a un actividad es querida por el sujeto y no hecho desde fuera, aparece una voluntad autónoma. Gehlen, influido por este pensamiento advierte que las acciones no se llevan a cabo únicamente por los instintos, ni por las representaciones objetivas, aunque le resulta contradictorio el aspecto de que la voluntad pueda ser libre en acto antes de decidirse, ya que la voluntad de la persona está determinada por la cultura, como anteriormente mencionamos y, ahora sostenemos mas fundamentadamente, de tal modo que tu voluntad se dirigirá a un fin u otro dependiendo la situación y contexto en el que te encuentres. Del mismo modo Husserl advierte que la vida personal se diferencia por una motivación del sujeto para poner sus acto y porque se produce por fines habituales, que hacen patente al agente personal, mediante la unificación de los actos no mediante asociación pasiva sino desde un fin propuesto.

Para finalizar, dejar por terminada a cuestión resaltando que por tanto lo que hace al sujeto ser persona individual, no es que posea un conocimiento común a todos los hombres y exclusivos de ellos, o una ética formal que en cualquier caso es ambigua y contradictoria con mas que investiguemos en los cimientos que la sostienen; sino la cultura en la que nos vemos sometidos y no elegimos, que nos forman inicialmente en una síntesis pasiva y, que determinarán nuestra voluntad de manera inicial, para posteriormente ser el hombre quien se proponga fines y, dirija su voluntad hacia deber y, deseos, pues el hombre esta abierto al mundo lo que significa que el hombre se debe aclarar en el mundo, desde dentro del mismo y, bajo este punto de vista, la importancia de los símbolos culturales nos permiten orientarnos y, es en esa comprensión donde nos lo jugamos todo, queda de manifiesto que lo específicamente humano es la necesidad de pautar simbólicamente la forma de actuar y, que en último aspecto relacionándolo con la moral, necesitaremos una moral fenomenológica que nos guíen y comprometa con el mundo, pues la pretensión de universalidad moral sin comprometernos con nada ni nadie, queda refutada.